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Hector Espino, una leyenda del béisbol

Hector Espino, una leyenda del béisbol
Por Horacio Ibarra

En un día como hoy, pero de 1997, Héctor Espino, el hombre récord del beisbol mexicano falleció víctima de un ataque al corazón, muriendo en la madrugada de aquel trágico siete de septiembre.

Hoy han transcurrido 10 años de aquella noticia de primera magnitud, y el nombre del gran ídolo beisbolero se ha agigantado notablemente.

El nativo de Chihuahua se desempeñaba como coach de los Sultanes de Monterrey en aquel tiempo y se preparaba para viajar a la ciudad de Hermosillo, Sonora, donde desempeñaría el mismo cargo con el equipo de los Naranjeros.

Hoy se recuerda al gran ídolo con nostalgia.

Debut espectacular

El nativo de Chihuahua deslumbró desde su llegada a la Liga Mexicana de verano en la campaña de 1962, convirtiéndose en el hombre importante de los Sultanes de Monterrey a la ofensiva, colaborado en la conquista del campeonato.

El tuvo una actuación de primera línea, compartiendo el liderato de carreras impulsadas con su compañero Alonso Perry y recibiendo el nombramiento como el mejor novato de la campaña.

Inmediatamente acaparó los reflectores de los medios informativos gracias a su inmensa categoría, traspasando las fronteras de la Unión Americana, haciendo que buscadores de las Ligas Mayores se interesaran por sus servicios.

En aquel tiempo los Indios de Cleveland mantenían convenio de trabajo con el equipo regiomontano y quisieron probar al formidable cañonero que había deslumbrado con su presencia y su poderío en los distintos parques de beisbol de México.

Espino fue enviado al campo de entrenamiento primaveral de Cleveland, causando buena impresión en los inicios de 1963, después de una buena temporada. Sin embargo, su actuación monumental se dio al año siguiente al disparar 46 cuadrangulares en la campaña, implantando una marca que se mantuvo por muchos años, hasta que en 1986 fue derrumbada por el norteamericano Jack Pierce.

En ese mismo año de 1964 obtuvo el primero de sus cinco títulos de bateo, implantando una cascada de récords en el aspecto individual con sus batazos de vuelta entera. Su nombre adquirió una brillantez inusitada que lo puso en la cúspide de la pelota mexicana.

El rey del bateo

Su consistencia, su incomparable poderío y su oportunismo con el bat, lo llevaron por los senderos de bonanza del beisbol mexicano.

Su nombre comenzó a sonar con gran intensidad y su fama adquirió tonalidades como máximo ídolo de la pelota.

Sus descomunales batazos le crearon la aureola de "Supermán del bateo", labrando desde ahí su pedestal como el máximo bateador mexicano de todos los tiempos.

Cada vez que se paraba en la caja de bateo ponía a temblar a los pitchers y a todos los vapuleaba por igual, sin importar su categoría y su jerarquía desde la lomita de lanzadores.

El pudo haber hecho carrera en las Grandes Ligas, sin embargo, en aquel tiempo no existía la misma apertura de la actualidad y aunque tuvo otro chance de convertirse en jugador de la carpa grande al finalizar la temporada de 1964, la nostalgia por su terruño lo hicieron regresar después de haber participado con el Jacksonville, sucursal de los Cardenales de San Luis, pertenecientes al viejo circuito.

Los aficionados mexicanos agradecieron su posición, y de esa forma pudieron gozar de sus batazos a lo largo de 24 temporadas en el circuito.

El mejor de la costa

La actuación del formidable bateador tuvo tintes extraordinarios en la liga de la costa, circuito en el cual debutó desde 1960-61, primero con los Yaquis de Ciudad, a los cuales llegó por equivocación y posteriormente con los Naranjeros de Hermosillo, equipo donde pudo mostrar todas sus cualidades.

Su inmenso potencial se puso de manifiesto desde la primera temporada en el circuito invernal, obteniendo el título de bateo, de imparables, carreras anotadas y cuadrangulares, sentando un precedente de calidad sobre el resto de participantes.

Espino dejó cifras de verdadera antología durante su trayectoria en esta liga tan importante, incluyendo una marca que se antoja incomparable y que tal vez nunca será derrumbada, siendo esta la de sus 13 títulos de bateo, incluyendo seis de ellos consecutivos.

Los Naranjeros se movían al compás de sus batazos y los títulos comenzaron a acumularse.

Aquí también tuvo una larga carrera, adueñándose de la mayoría de récords ofensivos en el circuito y logros individuales de temporada.

Inmortalizado

En 1988 fue inmortalizado al Salón de la Fama del Beisbol Profesional de México, hecho realizado por designación directa.

Como si eso fuera poco, el ídolo de Chihuahua se encargó de poner en alto el nombre de México con su soberbia actuación en la Serie del Caribe de 1976, ayudando a los Naranjeros a ganar el cetro, en un evento celebrado en República Dominicana.

Años más tarde, Espino fue reconocido por los jerarcas del Caribe, elevándolo al Salón de la Fama de las Series del Caribe, recinto localizado en San Juan, Puerto Rico. En 1988 fue inmortalizado al Salón de la Fama del Beisbol Profesional de México, hecho realizado por designación directa.

Héctor Espino fue un grande de la pelota y como tal, hoy, a 10 años de fallecido se le sigue recordando con gran nostalgia.

Descanse en paz el gran ídolo de Chihuahua.

En la Liga Mexicana

1962 Novato del año

5 títulos de bateo

4 títulos de jonrones

2 títulos de producidas

En la liga de la costa

.330 Récord de bateo

6 veces el Más Valioso

13 títulos de bateo

8 lideratos de anotadas

3 lideratos de hits

3 lideratos de dobles

7 títulos de jonrones

8 títulos de producidas

Compilación; Horacio Ibarra
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